Una distopía adaptada al siglo XXI
- Evelyn Yarce

- 5 may 2020
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 6 mar 2021
Crítica de "El Hoyo"
Hay críticas hacia el sistema impuesto en la sociedad que algunos autores lo manifiestan en mundos utópicos, pero sobre todo distópicos, algo común entre los filósofos y autores del siglo XX, en las destacadas obras de 1984 y Un mundo feliz. El Hoyo, nos presenta esa idea en la diégesis, y comienza de la forma, nos plantea cómo es el universo en el que nos estamos adentrando. Hay críticas hacia el sistema impuesto en la sociedad que algunos autores lo manifiestan en mundos utópicos, pero sobre todo distópicos, algo común entre los filósofos y autores del siglo XX, en las destacadas obras de 1984 y Un mundo feliz. El Hoyo, nos presenta esa idea en la diégesis, y comienza de la forma, nos plantea cómo es el universo en el que nos estamos adentrando.
Como sabemos, siempre aspiramos a ese horizonte perfecto e imposible que llamamos utopía, pero donde hay algo bueno, también hay algo malo. Aquí nos encontramos con el horizonte opuesto totalmente imperfecto, la distopía. Aunque este no solo es eso, sino también un sistema impuesto en la sociedad que va paulatinamente autodestruyéndose, acabando y arrasando con la propia sociedad.
Esto se puede entender de muchas maneras, y se puede crear de diversas formas. Pero al final en este film nos encontramos en ese punto en común con otros universos distópicos, la destrucción empieza con los de abajo para alimentar a los de arriba. Una clasificación de clases, pero aquí es distinto. Todos pasan por todas las clases. Las más altas, las medianas, y las más bajas. Todos pasan por todas. La clave, parece ser la empatía experimentada que deben tener sobre todo los de la clase alta para que el sistema pueda beneficiar a todos. Aunque no es eso lo que realmente quieren los que lo controlan.
Pero es curioso cómo tras ver que los que se encuentran más arriba, y han pasado por los números más bajos, no les importa dejarles sin comer cuando en algún momento ellos estaban ahí, “me merezco atiborrarme a comida, porque estoy en un número alto”, esa es la mentalidad. Si, el sistema así lo ha impuesto, pero lo que nos quiere decir es que el poder no reside en las élites que lo controlan todo, sino en la propia sociedad que son la gran mayoría y los únicos capaces de cambiarlo.
Tenemos ese poder en nuestras manos, si la gente no actuase como lo impone ese sistema distópico, este acabaría cayendo, se romperían las directrices. Esta diégesis como muchas son obviamente horizontes imposibles, pero posibles en la medida en que la realidad se acerque en algunos aspectos. No llegará a ocurrir, pero es una manera de hacernos despertar. En la realidad, nos encontramos las mismas cuatro empresas grandes que lo controlan todo, incluso a los políticos. Tenemos un sistema de clases, donde se pueden ver claramente países desarrollados que se alimentan de la destrucción de las clases más bajas, países subdesarrollados.
Y en la película lo dice muy bien, “si todos comiésemos lo que tenemos que comer, la cantidad suficiente para tener una vida satisfactoria, la comida llegaría a todos los niveles”. Por desgracia, vivimos en una sociedad consumista, en la que cuanto más tenemos, más queremos. Si todos nos conformásemos con tener el nivel de renta suficiente para vivir bien, todos tendrían de todo, la riqueza estaría repartida de forma equitativa.




