Bullying: el acosador y la víctima más allá de lo que se ve
- Evelyn Yarce

- 6 mar 2021
- 6 Min. de lectura
Crítica de Silent Voice
Silent Voice es una película sobre el acoso escolar a una chica que tiene problemas auditivos, es sordomuda.
El acoso escolar sigue siendo hoy en día un problema que no se acaba de tajar ni de emplear los métodos necesarios y efectivos para evitarlo. En España y en la mayoría de países no hay investigaciones precisas y claras que muestren cifras para valorar la gravedad de la situación. Las investigaciones que se hacen provienen de asociaciones paralelas y se contradicen entre sí y con las cifras oficiales. A día de hoy es complicado encontrar, aunque sea datos actualizados.
Volviendo al film, la situación la trata desde una perspectiva diferente, desde el punto de vista del acosador. Todo comienza en primaria, y una niña nueva, Shouko, llega a clase. El profesor le pide que se presente a los demás, y la niña no le escucha, entonces el profesor se alarma y es como si no supiese que es sordomuda. Aquí se percibe ya el primer indicio de mala praxis por parte del profesor.
Entonces la niña se presenta mostrando una libreta en la que dice como se llama y que tiene problemas para escuchar. Toda la clase en ese momento se muestra asombrada, es algo que no han visto nunca y de lo que parece que no les han hablado. Nos encontramos ante otra tendencia errónea habitual en el sistema educativo, que no suelen mostrarles a los niños desde pequeños lo que significa la diversidad de personas en cuanto a capacidades físicas o intelectuales, género, sexualidad o raza. No les habitúan a aceptar que vivimos en un mundo de diversidad, y eso genera que cuando se encuentran en esa tesitura, no acepten a alguien que es diferente a lo que están acostumbrados. Los niños acaban creciendo con esa mentalidad generalizando la discriminación en muchos ámbitos de la diversidad.
En la película toda la clase acaba acosando de una manera o de otra a Shouko. Hay un niño que destaca en ser el más acosador, Shoya y es quien será el protagonista y la evolución de este personaje será lo que marque la pauta del largometraje. Shoya no entiende porque Shouko es así y por eso se mete con ella. Sin embargo, la niña intenta ser su amiga, a pesar de las continuas respuestas agresivas de Shoya. Shouko utiliza unos audífonos para ayudarle en la percepción del sonido, sin embargo, Shoya se los acaba quitando y rompiendo o tirando una y otra vez.
Paralelamente a esto, el grupo de chicas la critican, destacando una de ellas. Las demás le ríen la gracia. Llega un momento en el que da pie al primer giro de la línea narrativa, y es que Shoya le quita los audífonos de una forma muy agresiva a su compañera que le acaba haciendo un corte en la oreja. Tras esto la niña acaba abandonando el centro, la madre le tiene que cambiar de colegio. Otra de las consecuencias habituales, que el problema se acaba solucionando muchas veces haciendo que la víctima se tenga que cambiar de centro, en lugar de zanjar el problema desde la raíz del asunto.
Los profesores piden a la clase que admitan quiénes han sido. Pero qué casualidad, los profesores ya sabían que era Shoya. Más de una vez habían sido testigos de que se había burlado de ella delante de toda la clase, y los profesores no habían hecho nada. Son los adultos, y se convierten en cómplices en el momento en el que lo pasan por alto o no hacen lo suficiente para detectarlo y pararlo.
Tras esto, se produce algo interesante. Todos los alumnos señalan a Shoya, y este admite que la acosaba, pero empieza a repartir culpas. Dice que, aunque él era el que más la molestaba, los demás se reían, las chicas la criticaban. Y todos se hacen las víctimas y miran hacia otro lado.
Hay diferentes tipos de acosadores, lo que sí que está claro es que no solo se trata de ser activo. Quedarse callado ante la violencia, o reírse simplemente, también es acoso. Tal y como dice la página de acoso escolar oficial de España, “47 de cada 100 niños son ‘testigos pasivos’ de la violencia”.
En una discusión que tienen durante la película, una de las niñas, en ese momento ya adolescentes, dijo que ella nunca se había metido con Shouka. Pero otra la responde: “sí, somos diferentes, yo me metía con ella de forma activa, pero tú solo te reías y pasabas de todo”. Claramente está dando voz a que el acoso escolar no solo se da de forma activa.
Otro tema tratado desde el inicio de la película en segundo plano pero que llegado el segundo giro de la línea narrativa pasa a estar en primer plano paralelo: el suicidio. Shoya, el niño que más acosaba a la niña crece con la culpabilidad, porque como he comentado líneas atrás, todos los dedos señalaron a él. Y entonces se empieza a cuestionar muchas cosas. Antes de lo ocurrido con los audífonos, Shoya tenía muchos amigos, pero entonces se encuentra solo. Poco a poco empieza a tener pánico de acercarse a la gente, de mirar a los demás. Se da cuenta de que no sabe tratar con su alrededor. Le produce una crisis interna y poco a poco le genera ideas de suicidio. Y todo siempre se remonta en su cabeza a todo lo que le hizo a Shouka.
En el centro educativo, en lugar de ponerle a disposición ayuda psicológica, impulsar charlas con el alumnado (aunque sea algo que se debiera de hacer con antelación, pero al menos a modo de solución), simplemente echó durante unos días a Shoya, llamaron a su madre, y luego todo volvió a ser como antes.
Pero el niño fue creciendo con problemas de autoestima. Se fueron alejando todos de él por ser el acosador y por haber intentado señalar a los demás de haberse metido también con la niña. En la película vemos como el chico quiere suicidarse porque se ve sin amigos, se siente solo y culpable.
Hay algo que finalmente le devuelve el sentido a Shoya, intentar volver sus pasos hacia atrás. Han pasado años desde la última vez que vio a Shouka, y decide buscarla e intentar reparar el daño que le hizo. Shoya en esos años, aprendió el lenguaje de signos.
Sin embargo, a pesar de eso, la chica después intenta suicidarse porque se siguen metiendo con ella. La película nos muestra la impotencia que siente al intentar hablar y no ser entendida, al querer oír y no escuchar nada, al no saber qué pasa a su alrededor. Shoya, el chico, es quien le salva de suicidarse, y quien le dice y le ayuda a quererse a sí misma.
Por lo que al final, acaba salvando a la chica reparando el daño que le hizo, pero también a sí mismo. Acaba superando el miedo a relacionarse, y lo que quiere es ayudar a los demás, aprender de la amistad, y, sobre todo, vivir. Como vemos, es algo que aprende por sí mismo y gracias a la chica, por el sentimiento de culpa y las consecuencias que todo ello le trajo, pero no por un sistema educativo que ayude realmente a solucionar estos problemas de raíz. Esto en realidad no pasa. Puede pasar o no, como es algo que muestra la película, pero es algo que el centro educativo tiene el poder de solucionar.
Se producen en todo el mundo alrededor de 200 mil suicidios al año entre jóvenes de entre 14 y 28 años según un informe realizado por la Organización Mundial de la Salud junto a Naciones Unidas. Según la ONU, España está entre los cinco países de Europa más afectados por el bullying.
La ayuda psicológica sigue siendo un factor esencial para solucionar esto, y no expulsar o castigar a los acosadores, sino ayudarles a entender porque lo que hacen no está bien. Indagar en los problemas internos que puedan ser la causa de que se comporten así. Visibilizar más en la educación a una sociedad diversa, potenciar la educación social en los centros, luchar por disminuir la docencia ignorante ante el acoso escolar. Se trata de eso, una lucha continua por unos valores sociales de igualdad y diversidad en la educación. Ética y democracia.
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