El amor no siempre es heterosexual y supeditado a un hombre
- Evelyn Yarce

- 16 sept 2020
- 2 Min. de lectura
Actualizado: 6 mar 2021
Crítica de la película "Maléfica"
Disney ya no es lo que era. Las princesas ya no tienen que esperar a ser rescatadas por encantadores príncipes, la debilidad y la belleza ya no son sus principales cualidades. Ya no tienen que depender el resto de sus vidas de poder casarse con un hombre que las mantenga, porque no son capaces de tomar una decisión por sí mismas.
Este cambio ya empezamos a verlo en películas como Brave o Frozen. Pero Maléfica viene rompiendo con la esencia de los cuentos tradicionales. Es la tendencia que ha tomado ahora Disney, en este caso con el clásico de La Bella Durmiente.
La figura del hombre es claramente secundaria o incluso aplastada. Al principio relata lo que parecerá una historia de amor cualquiera, y luego el odio y el cambio lúgubre de Maléfica se justifican por la traición de un hombre. Aunque vemos un proceso en el que su odio se va transformando y siendo sustituido por un amor maternal con Aurora. Mientras que Stefan pierde la cordura y día tras día solo piensa en cómo acabar con ella. Ahora los débiles, son ellos.
El cambio de debilidad o de figuras insignificantes de la mujer al hombre no lo vemos solo en este personaje, sino con otro príncipe que marcará definitivamente la ruptura con el cuento tradicional. Aurora tenia que esperar a ser despertada por un hombre que acaba de conocer, solo por el mero hecho de ser un príncipe (y un enviado de su padre para un matrimonio de conveniencia), escondido tras una máscara de “amor verdadero”. Lo que nos hacían creer. Mientras que ahora en ese mismo instante en el que el beso no funciona, es Maléfica la que la despierta, porque “no hay amor más verdadero”, como bien lo dice.
Aquí es dónde despertamos nosotros también. La película nos despierta de un sueño profundo en el que nos hayamos, en el que la sociedad se haya. No todo es como nos lo venían contando, así nos lo dice la narradora al finalizar el film, y no puede explicarse mejor. El príncipe del que dependía la vida de Aurora, ahora se muestra como secundario incluso como incompetente, solo aparece en unas pocas escenas al final.
No obstante, no todo es bueno, hay momentos en los que el personaje de Maléfica se muestra sexualizado en cierta manera, y se continúa vinculando la belleza con la inteligencia, o importancia del personaje en la narrativa, las hadas no presentan los cánones de belleza habituales, y su personalidad es tachada de torpe. Esto solo es un ejemplo. Hay cosas que Disney todavía tiene que aprender, pero esto ya es un gran comienzo.
La lucha por romper la cadena a la que estamos atados, la de los continuos estereotipos de género, de belleza, de sexualidad, empieza por las historias que nos cuentan. Todos nuestros comportamientos a lo largo de la historia han estado condicionados por los cuentos que se han heredado. Hay cosas que toca cambiar desde aquí, para que la sociedad evolucione.




