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Juguetes sin género

  • Foto del escritor: Evelyn Yarce
    Evelyn Yarce
  • 21 abr 2021
  • 1 Min. de lectura

Actualizado: 12 may 2021


Recuerdo cuando era pequeña que los juguetes que me regalaban en su mayoría eran nenucos o barbies. A los siete años pedí una cocinita grande por Navidad. Un año más tarde escribí a los Reyes Magos que quería un carrito de bebés. Guardaba los juguetes en un baúl enorme y todo eran vestiditos para los nenucos y para las muñecas, o maquillaje infantil. Incluso recuerdo soñar con tener una lavadora de juguete.


No recuerdo que a mi hermano le gustara algo de esto. A él le regalaban cosas muy diferentes. Un balón de fútbol, una PlayStation, un coche teledirigido o superhéroes del universo Marvel. Al igual que los disfraces, yo normalmente era una princesa o un hada, y mi hermano era ninja o pirata.


Por un túnel de silencio crecía y me cuestionaba cosas. No jugaba al fútbol porque pensaba: "Eso es para chicos". No jugaba a la PlayStation porque me decían: "Eres muy mala para eso", y me lo acaba creyendo. Me hice mayor y me sentía mal cuando pensaba o actuaba saliéndome de lo que se me había impuesto como rol desde pequeña. Me tienen que gustar los chicos, pero no demasiado, y tengo que lucir coqueta y arreglada. Me pregunto cómo hubieran sido las cosas si mi hermano hubiese jugado con las barbies, o yo con el coche teledirigido, o ambos con todo lo que había en ese baúl. Al fin y al cabo, los juguetes son juguetes, y no tienen género.

Fuente: Mike // Pexels


Columna en formato podcast


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