Caso Totana: Sin tabúes para la violencia de género
- Evelyn Yarce

- 18 feb 2022
- 3 Min. de lectura
Claudia Abigail, una chica de 17 años, fue asesinada por su expareja el martes 8 de febrero en Totana, Murcia. Es la tercera víctima mortal de un caso machista desde que empezó 2022, la primera menor de edad, y el primer caso de violencia de género de este año en Murcia. No fue hasta 2003 cuando se empezaron a recoger datos sobre estos crímenes, y desde entonces se suman un total de 1.129 mujeres fallecidas a manos de sus parejas o exparejas. Con Claudia, doce de estas mujeres eran menores de edad.
La teoría feminista introdujo conceptos que son necesarios para poder superar la realidad patriarcal actual, como en este caso, “violencia de género” o “violencia machista”. De la misma manera, esta teoría establece que el sistema social está basado en una heteronormatividad. Además, están los patrones culturales que dejan a las mujeres en una posición de subordinación en casi todos los ámbitos.
¿Clasificar un caso como machista? Impensable 10 años antes
Los medios de comunicación son los que promueven estos estereotipos y la imagen que se asocia con los diferentes colectivos, pero ahora nos centraremos en la mujer. Los medios tienen el poder y la influencia para promover el discurso dominante o, por el contrario, defender una imagen más realista. En relación con los crímenes machistas, los medios han pasado por muchas fases. Antes se vivía en un tabú constante a la hora de clasificar un crímen como violencia de género.
Se asociaba esta clasificación a una posición política, como si la lucha por la igualdad o un hecho indefendible como es la violencia contra la mujer, fuese cosa de periódicos de izquierdas. No solo esto, sino que tuvieron que pasar casos atroces para que la sociedad despertara y viera que había un problema muy asentado como era la violencia de género. Algunos de estos eran los conocidos asesinatos de las chicas de Alcàsser, Ana Orantes, Marta del Castillo o Diana Queer.
Los medios trataban estos crímenes muchas veces intentando de excusar o justificar al asesino de manera indirecta, con argumentos como “estaban solas a altas horas de la noche”, “no trató de defenderse” o “iba vestida de esta manera”. Y bueno, ya ni hablemos de clasificar el crimen como violencia de género, porque era impensable.
Pero ahora las cosas han cambiado. Ya no existe ese tabú continuado a la hora de clasificar un crimen como machista. Actualmente hay una mayor conciencia por parte de los medios de comunicación, tanto de izquierdas como de derechas. Se empieza a ver que este problema va más allá de la política. La mayoría de periódicos añaden epígrafes de “violencia de género”, o subdivisiones de la sección de sucesos para este tipo de casos.
No solo esto, además de incluir un contexto sobre lo ocurrido, las noticias tienden a dedicar una parte o incluso una pieza entera para hablar de violencia de género, sin temor ni tapujos. Es decir, se hace un repaso de los casos machistas que han acabado con la vida de la víctima y muestran el apoyo dirigido desde los ayuntamientos de las zonas afectadas, del presidente del Gobierno o de la ministra de igualdad. Incluso, se habla de soluciones como proyectos para lanzar desde la educación.
Eso sí, todavía queda mucho por aprender a la hora de tratar estos casos, sobre todo en la fase inicial en la que se acaban de descubrir los hechos. A pesar de los grandes avances, siguen habiendo errores mediáticos en las informaciones publicadas. En este caso, he visto noticias al principio que se contradecían entre sí en el modo en el que el acusado confiesa o en la manera en la que comete el delito.
Además, algo impactante es encontrar la imagen censurada del culpable, al lado de la imagen sin censurar de la víctima. O numerosas piezas donde se nombra la nacionalidad de ambos, cuando sabemos que no es necesario mencionarlo. Todo ello movido por el morbo que causan estos crímenes, pues acaban siendo los de mayor repercusión, lo que provoca que los medios tengan prisa en publicar e inevitablemente cometen errores. El problema ya no es solo eso, sino que aunque pasan días después de la publicación, los errores no se corrigen.
Lo dicho, hemos avanzado muchísimo a favor de esta lucha por la igualdad, pero aún queda todavía más por mejorar en el tratamiento mediático de los casos de violencia de género. El morbo no puede ser la prioridad ante el rigor informativo, ni es sinónimo de obviar cuestiones éticas como es hablar de datos innecesarios de la víctima, incluso del acusado.

